sábado, 15 de mayo de 2010

Cinco mil horas

El pasado está sacando sus garras y tiene la mirada ida.

Nos acabará matando.

Me aterra intuir que se aproxima porque siempre esta a punto de llevarnos con él, punto en el que nos separaríamos. Y, aunque su presencia hasta ahora suele ser efímera, deja huellas saladas en nuestras mejillas y besos.

Pasado es un halo separador de abrazos, nexo de palabras dolientes, conjunción entre rugidos, suspiros yuxtapuestos y un punto y atrás.

(Y eso que renegamos del pretérito)

El pasado es blasfemar, escribir, ensimismarse, añorar, llorar, recordar, chillar, espejos, fotos, baúles, cajas de zapatos, peonzas, canicas, jugar, corazones, reír, canciones, mil papeles, cicatrices en la rodilla, heridas en el alma, amar, odiar, perderse tras encontrarse.

Y aun así, hoy nuestras almas no hacen más que vomitarse, la una a la otra, más de cinco mil horas de vida que manchan de dolor nuestro escondido presente.